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Luis Galindo Bisquer, que fuera cura-párroco de Agüero es el artífice del único Museo
del órgano conocido en todo el mundo, como asegura en su libro 'El
órgano histórico en la provincia de Huesca y diócesis de Huesca'.
En los últimos 15 años ha conseguido rescatar de la extinción piezas únicas
de órganos desde principios del siglo XVI. Entusiasta por las cosas valiosas
y abandonadas, y gracias a la media ción
del Obispado de Jaca, propietario del Museo, este cura ha conseguido que
Aragón tenga en esta localidad altoaragonesa, un patrimonio inigualable
abierto al público.
Situado en la casa abadía, los objetos y
piezas de distintos órganos, cada una con su cartera informativa, se distribuyen
en cuatro salas. El recorrido por el Museo se puede hacer con la ayuda
de un magnetofón que reproduce, a través de una cinta, las explicaciones
sobre el mismo. En el patio de entrada se encuentra una típica cadiera,
una escalinata de piedra, un cuadro con un dibujo pirograbado de un órgano
tipo de siete tubos, y al pie, el adorno de una hermosa piedra, soporte
de una decorativa planta.
A la izquierda del patio se abre una puerta
que da paso a la primera de las salas.
Ante sus ojos, el vistante podrá contemplar una flauta de pan que en tiempos
empleó el pueblo para sus cantos y danzas. Se trata de siete pequeños
caños unidos y cortados en diagonal que dan una nota diferente que se
combina con las restantes.
En una gran mesa vitrina, con iluminación
interior, están depositados distintos elementos que conforman cualquier
órgano: tubos, teclas talladas en madera de boj o en marfil, o
de ambos materiales, varios mecanismos propios del órgano: válvulas, molinetes,
tiradores, con o sin indicación de su tono, garruchas, muelles y un panderete,
pieza ésta en madera con orificios de diferentes diámetros que sostiene
los tubos de mayor a menor.
Muchos de los tubos se muestran tal y como
se rescataron del
abandono material, deteriorados bien por las ratas que royeron el metal
o por un mal trato, aplastados, abollados, o con el estaño en muy malas
condiciones por el tiempo. Los hay hechos en madera, forrados con papel,
a veces cartas o escrituras, incluso musicales. También aparecen trompetas,
afinadores, lenguas y unas piezas que muestran el proceso de la fabricación
de un tubo. Colocados a lo largo de la pared aparecen un secreto, dos
contras y piezas sueltas de la parte baja de un órgano, como por ejemplo
varios pedales, tubos de órgano, balanzas, tubos canónigos, que no suenan
ya que se construían únicamente para adorno.
En la segunda sala,
iluminada con luz natural, encontramos una vitrina con litografías dedicadas
al museo de Agüero. En sus paredes cuelgan nasardos, cornetas, pajarillos,
dos preciosos angelotes que sostienen dos trompetas; tubos románticos,
piezas de barandilla y otras de tipo ornamental. La muestra recoge también
datos de piezas históricas y organeros concretos, una bella colección
de tarjetas postales con reproducciones de órganos españoles y extranjeros.
En la tercera sala se encuentra un
órgano
completo construido en 1972 por Luis Galindo. Se trata de una imitación
antigua en la que los tubos aparecen a la vista para poderlos observar
mejor y el secreto es antiguo. En cuanto a la disposición del órgano es
de juegos partidos, teclado de octava corta, en madera de boj. Los visitantes
pueden escuchar los diferentes registros y ver su funcionamiento, para
lo cual está iluminado por dentro.
La sala que acoge el órgano de Mosén Luis
está presidida por una bella talla en madera antigua de Santa Cecilia,
Patrona de los músicos, hecha por Antonio Suils Pérez, natural de Anzánigo,
exclusivamente para ornamentación del museo del órgano, y un pequeño cuadro
pirograbado con la 'Oración del organista':
Señor!. Mi corazón está en mis manos: que sirvan para alabarte siempre.
Si la música que de ellas sale recrea o eleva a los oyentes, que no sirva
para envanecerme sino para darte gracias por el gran don de poder expresar
lo que sólo de lo profundo del hombre puede salir. Amén.
La visita al Museo puede finalizar descendiendo
a la planta baja, en la que se podrá
admirar la caja-fachada de un órgano. En la planta superior, una de las
dependencias se dedica a almacén de piezas de órgano y trabajos de los
mismos.
Luis Galindo Bisquer asegura que tiempos
atrás eran muchos los
visitantes que acudían a Agüero para conocer el Museo. 'Sin embargo,
ahora no sé por qué vienen menos. Quizás porque está un poco a desmano
de la carretera y el visitante tiene que dar un rodeo". Reflexionando
sobre el órgano, Galindo tiene palabras de elogio hacia los llamados "tuberos':
'En España , que yo sepa, sólo se dedican a este oficio dos señores
llamados José Jiménez Rusiñol y Venancio Rodríquez Rodríquez. En el taller
que tienen en el Buen Pastor de Barcelona, van dando forma y soldadura
a los tubos destinados a esas grandes o pequeñas fábricas de armonías,
destinadas al culto sagrado o al embelesamiento del espíritu en sacros
conciertos. Son artesanos, trabajan en plomo, en estaño y, rara vez, en
cinc y cobre".
Obras de estos "tuberos" han dejado su huella
en Luna, Loarre, Pertusa, Hecho y en el órgano de la iglesia de M.M. Benedictinas
de Jaca, según recoge el libro 'El órgano histórico en la provincia
de Huesca y diócesis de Jaca'.
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